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¿Traduttore traditore?

Hwang Dong-Hyuk, el creador de El Juego del Calamar ya anunció que habrá una segunda temporada de esta serie de Netflix que tuvo enorme éxito en la primera temporada. Dong-Hyuk promete que “Gi-hun volverá y hará algo por el mundo”.

La serie no sólo fue acompañada por un enorme éxito, sino también por grandes polémicas. Violenta y llena de dilemas sociales y éticos, la serie ha alcanzado una enorme audiencia, situándose en los primeros lugares de preferencia planetaria de la plataforma.

Una controversia más que se añade se refiere a su traducción con subtítulos y/o a su doblaje. Adicionalmente al problema de tener que encajar los subtítulos en un tiempo de lectura corta y el doblaje a los gestos de vocalización de los personajes, está la distancia lingüística y cultural. Como es coreana y se ha traducido a importantes lenguas occidentales de gran expansión en el mundo, es el vivo testimonio de la dificultad de traducir mensajes entre familias de lenguas completamente diferentes. Las lenguas europeas no podrían estar más alejadas del coreano y, por lo tanto, los puentes que se tienden entre ellas al traducir son complejos. Ahí donde una prohibición se expresa en coreano con el nombre de una flor, se expresa en varias lenguas de occidente con un color de semáforo, pero no se entiende nada si se pone literalmente “escondite inglés”; o donde un concepto de dos sílabas es clarísimo en coreano en las lenguas a las que se traduce exige un circunloquio.

Es inevitable que haya pérdida de contenido o cambio del mismo, pero quienes hacen los subtítulos o doblajes tienen que saber interpretar el sentido que se quiere comunicar y mantenerse lo más fieles posibles en una delicada solución de compromiso que a veces el público no aprecia. Sin duda, con tanta complicación es imposible satisfacer a todo el mundo. Algunas personas han criticado que la traducción se aleja del sentido que se desea transmitir porque no se ha entendido el contexto de la cultura coreana moderna. Otras achacan los errores a la práctica de post-edición con lengua interpuesta (el inglés) a partir de una traducción por medio de algoritmos. El problema con esto último es que se pierden sentimientos, apreciación del contexto, fuerza del lenguaje, matiz cultural, adaptación, etc. en esa lingua franca internacional técnico-profesional que emiten los algoritmos.